Momento bombilla encendida

Bienvenidos/as de nuevo a mi pequeño rincón de pensamientos y evolución personal.

Hoy, ya que sabéis un poco sobre mí y el camino que me ha traído hasta este momento, me gustaría contaros el momento en el que algo dentro de mí dijo ¡Basta! y decidí comprometerme a dejar de contar céntimos y mirar la cuenta del banco día sí y día también y embarcarme en el viaje hacia la libertad financiera.

Desde el 2018 comencé con una espiral de decisiones que me fueron acercando cada vez un poco más hacia la situación en la que me encontraba hace poco más de un mes, cuando me encontré lesionado e incapaz de trabajar en el que era mi trabajo en aquel entonces en el medio de los Riverlands en South Australia, Australia. Hablaré sobre estas decisiones en otra entrada más adelante, no creáis que os dejaré con la duda para siempre.

En este momento, al otro lado del mundo, en mitad de una pandemia que tiene a todo el mundo en jaque, sin dinero y sin la habilidad de seguir recolectando mandarinas para ganarme un sueldo con el que pagar mi alojamiento, transporte y comida, estuve a punto de tirar la toalla y volver a España, a casa con mis padres. Por suerte este pensamiento duró poco en esta cabeza ambiciosa y pensé que si no tenía trabajo, haría de encontrar un trabajo, mi trabajo a tiempo completo. Pasé entre 5 y 8 horas diarias mandando CVs a todas las empresas posibles a través de aplicaciones de trabajo, además de haciendo búsqueda por Facebook, Google e Instagram y llamando por teléfono a las empresas que, posiblemente, pudiesen darme trabajo.

Para no alargar mucho la historia, os cuento que conseguí trabajo en un motel en el Territorio del Norte en Australia, el Estado con menor tasa de contagios por Covid-19 del país, con un sueldo decente y sin mucho gasto en alojamiento y comida, ya que era provisto por el motel por una pequeña tasa semanal que me retiraban directamente del sueldo.

Llegué aquí, empecé a trabajar e inmediatamente me fabriqué una hoja Excel para controlar ingresos brutos y netos, gastos y ahorros. Cuando vi el potencial de ganancias y el poco gasto que tenía, tomé la decisión de ahorrar el 70-80% del salario semanal para crear un fondo para emergencias.

Pues ya estaba todo, no? Cobrar bien, ahorrar bastante y listo, en cuanto pudiese, comprar coche, viajar, darme uno u otro gusto, porque “ya me lo voy mereciendo, que vaya dos añitos llevo”, no?

¡ERROR!

Hablando con mi gran amigo Nelson, quien es parte fundamental de este viaje, me estuvo comentando sobre sus planes financieros y su negocio online en el que se había embarcado hacía algún tiempo ya, y estaba dando sus frutos y me pasó un libro para que me lo leyera, bajo la advertencia “Léelo con la mente abierta, te va a chocar mucho de lo que dice”, porque él sabe muy bien de mis fuertes ideales de izquierdas (los cuales conservo y os contaré, cuando me adentre un poco más en este viaje, el cómo los manejo junto a todo este cambio de paradigma con respecto al dinero y la riqueza personal). Este libro no es ni más ni menos que “Padre rico, Padre pobre”, escrito por Robert Kiyosaki.

Mi mente empezó a volar; me costaba concentrarme porque estuve entre peleándome con sus ideales y fantaseando con cómo podría yo convertirme en rico. Tuve una conversación conmigo y llegué al acuerdo de dejar de juzgar, tomar las ideas y luego adaptarlas a mi forma de ver la vida, sin serme infiel a mí mismo y así hice. El libro cambió por completo mi forma de ver la vida. Pasé de ser una víctima a hacer autocrítica y fijarme en todos los errores del pasado y los que seguía cometiendo (sí, ahora ahorraba, pero seguía gastando a lo loco, ya tenía una lista en Amazon para irme comprando lujos como un móvil nuevo, unos auriculares nuevos, un ordenador…Todo esto, obviamente, al nivel de mi nuevo nivel adquisitivo, por lo que en total, había más de 5mil dólares en gastos “porque me los merezco”) y ahí fue cuando me hice la promesa de cambiar mi forma de actuar con respecto al dinero y de educarme financieramente para nunca más encontrarme en la situación en la que estuve.

El momento bombilla encendida fue cuando leí que “Lo importante en la vida no es cuánto dinero ganas, sino cuánto dinero conservas”. Esto me abrió los ojos. No importaría nunca el dinero que gane, porque siempre querré gastar más y, al final, siempre estaré arruinado, pero con cosas más bonitas y caras en mi posesión.

Así que, ¡manos a la obra! Toca cambiar la mentalidad y comenzar este viaje de autodisciplina y de educación financiera al que os estoy invitando a acompañarme.

Espero que, aunque sea a una persona que me lea, esto le inspire a seguir yendo tras sus sueños. Si yo puedo, puede cualquiera.

2 comentarios sobre “Momento bombilla encendida

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